Posted by Miguel Navarro

Europa trata de encontrar su lugar en un contexto internacional cada vez más complejo, marcado por conflictos bélicos, tensiones geopolíticas e incertidumbres económicas y sociales.
En este escenario, es lógico que la Unión Europea busq ue reforzar sus relaciones comerciales y estratégicas.
Además, nadie como Europa puede aportar mayor experiencia, cultura y realidades diversas puestas en marcha para la resolución de problemas.
Sin embargo, no todos los acuerdos comerciales presentan las mismas implicaciones para el sector agropecuario europeo.
En el caso de Mercosur o de India, los acuerdos afectan a numerosos sectores económicos y a mercados con un enorme potencial como consumidores de productos europeos.
Aunque determinados sectores sensibles, como la ganadería extensiva de ovino de carne, puedan verse afectados, existe la expectativa de que los contingentes establecidos y las garantías sanitarias y productivas permitan una convivencia razonable con las producciones europeas.
El caso de Australia es muy diferente. Un país con una superficie quince veces superior a la de España, con unos 80 millones de ovejas, con un potencial de producción ovina casi ilimitado (ha llegado a tener 170 millones de ovejas) y una industria vinculada al sector de mataderos y comercializadores que funciona como un reloj suizo a la hora de abordar nuevos mercados.
Sin embargo, como clientes de posibles productos europeo solo tenemos la contraprestación que nos pueden dar sus poco más de 27 millones de habitantes.
El acuerdo permite la entrada en la UE de 25.000 toneladas anuales de carne ovina australiana sin aranceles, de forma progresiva durante siete años.
Si se suma al contingente ya ampliado de Nueva Zelanda (40.000 toneladas) el volumen total asciende a 65.000 toneladas.
Esto equivale a la producción de 10.000 explotaciones europeas que gestionan más de 700.000 hectáreas de territorio.
Nuestro sector del ovino de carne no tiene margen para absorber este impacto. Hoy, todas las explotaciones necesitan las ayudas PAC para continuar (unas más viables y otras menos, pero todas las necesitan).
Estas ayudas vienen representando el 31 % de los ingresos y a ello se suma la incertidumbre existente sobre el futuro marco de ayudas.
La entrada de este producto conllevará una caída de precios que hoy se estima entre un 5 y un 10 %, lo que puede hacer inviables muchas explotaciones.
El acuerdo que se plantea hoy no contempla:
- Cláusulas espejo vinculantes con una equivalencia regulatoria como condición de acceso al mercado.
- Nada dice de las garantías verificables para la carne refrigerada. En la UE está prohibida la utilización del ácido láctico y el supercooling (congelación superficial de las piezas) y hoy un 73 % del contingente (18.250 toneladas) que se importan de Australia ya entra como carne fresca o refrigerada con estas prácticas que alargan de una forma considerable su periodo de utilización.
- Tampoco se detallan restricciones estacionales en un producto tan estacional como este, donde las fiestas: Navidad, Semana Santa, Verano, la fiesta del cordero islámica… suponen un porcentaje muy alto del consumo.
- Nada se dice de que en la restauración sea obligatorio identificar el origen del producto, algo tan básico que lo necesitamos en todos los segmentos del mercado; también aquí en los restaurantes y también en nuestro producto en estos establecimientos.
- Nada se dice tampoco del efecto acumulativo con los acuerdos ya vigentes con Nueva Zelanda sobre el mercado europeo y el medio rural (hoy esta producción se estima que crea 500.000 empleos directos en Europa).
Siete años no son suficientes para adaptar un sector que ya afronta importantes dificultades estructurales. La ganadería ovina europea sufre un grave problema de relevo generacional y presenta una elevada fragmentación comercial.
La comercialización agrupada sigue concentrándose fundamentalmente en las cooperativas, que ni siquiera son mayoritarias en un mercado donde continúan teniendo un peso importante los intermediarios.
En estas condiciones resulta difícil desarrollar, en tan poco tiempo, estrategias de promoción capaces de poner en valor la carne europea y diferenciarla por sus garantías de trazabilidad, sanidad,
sostenibilidad y seguridad alimentaria.
Hoy tenemos en España un mercado con buenos precios; sin embargo, la disminución del consumo por habitante es alarmante desde hace varios años, las agrupaciones en la comercialización, las estrategias de diferenciación como la IGP Ternasco de Aragón, Cordero Extremeño, Segureño, Manchego, lechal, Ecológico o las Denominaciones de Origen son fundamentales para poner en valor este producto ante el consumidor, con todos los atributos de calidad, salud y medioambientales que tiene.
Paralelamente, también la dependencia de la exportación a terceros países (principalmente musulmanes) es muy importante y no tenemos políticas claras que primen el relevo, la productividad o la cooperación; en todo este escenario una entrada importante de carne australiana que su industria se ha ocupado desde hace años de poner en valor atribuyéndole características de pasto, naturaleza y sostenibilidad puede comprometer la continuidad de las ganaderías ovinas en muchas zonas.
Zonas donde los rebaños y sus pastores son los únicos actores en ese territorio.
Deja tu comentario