Posted by Miguel Navarro

Nuestros antepasados aragoneses dividían a los animales en ganados grosos y menudos.
Grosos o gruesos eran los bóvidos (vacas, bueyes) y équidos (caballos, asnos y mulos); en el ganado menudo se distinguía entre ganado de lana (ovejas y carneros) y de pelo (cabras).
Los cerdos, aves y conejos no estaban incluidos en esta clasificación y ocupaban un lugar sui géneris, dedicados al consumo doméstico familiar. Asimismo, existen algunos datos de cría de abejas en arnas (colmenas).
El ganado prioritario en tierras aragonesas durante varios siglos ha sido el ganado lanar, tanto por su rusticidad como por su fácil manejo.
El censo de Jordán de Asso de 1787 cita para todo Aragón una cabaña ovina de 1.746.194 cabezas.
Según los textos recopilados por Fernández Otal (1993), las reses lanares tenían numerosas denominaciones: ovellas de fillos, de lana prima, primales, añiscas, etc, destacando los nombres de carnero (cordero de hierba, llamado manso cuando estaba castrado), oveja de vientre (o paridera), mardano, morueco o masto (carneros sementales o padres), borregas y borregos (animales jóvenes).
Para distinguir las reses lanares de distintos propietarios se recurría a diferentes señales: pinturas con pez en las lanas, marcas a fuego, cortes en las orejas, etc.
Las razas de ovino predominantes en Aragón, existentes ya desde el siglo XV, fueron la rasa aragonesa, la merina (en Teruel) y la churra tensina del Pirineo (Fernández Otal, 1996). En la rasa aragonesa el aprovechamiento de lana por cabeza (peso vivo estándar de 36 kg) era aproximadamente de 2 kg, el de carne de 15-16 kg en canal, y la piel 1,7 kg, además de unos 200 kg de
estiércol por animal (Fernández Clemente, 1985).
El ganado caprino ya poblaba nuestra tierra en época prehistórica, aunque la controvertida cabra nunca ha gozado de buena fama por diversas razones.
Jordán de Asso aporta la cifra de 197.881 cabezas en Aragón en 1787.
Según Sierra Alfranca (2000), debido a la escasa pluviometría de Aragón, el ganado bovino nunca ha sido abundante en esta tierra.
El censo de Jordán de Asso de 1787 cita para todo Aragón una cabaña bovina de 34.593 cabezas.
Los grandes rebaños de vacuno eran muy escasos, limitándose a algunas zonas pirenaicas.
No obstante, en muchas casas rurales se criaban una o varias vacas para ayudar en las labores del campo y aprovechar su carne. Se les identificaba por sus colores y pelajes y también por marcas y cortes en las orejas.
Los bueyes se utilizaban para labrar, en solitario o formando yugos de bueyes para el arado de tierras.
Las razas más abundantes en la época de los siglos XVIII y XIX eran la pirenaica y la serrana (o negra ibérica), ambas con una orientación mixta de trabajo y carne (Sierra Alfranca, 2002); además, en Aragón se criaban reses bravas para la lidia y los espectáculos taurinos de las fiestas de pueblos y ciudades.
El caballo era animal para la guerra, aunque también se utilizaba como animal de carga, correo, diversión (caza y paseo), etc.
Los mulos, híbridos del cruzamiento de asno y yegua, prestaban grandes servicios como cabalgadura y animales de transporte, carga (mulas de montaña del ejército), tiro y laboreo agrícola.
Todos los équidos se identificaban por el color de la capa de pelo.
Según Jordán de Asso, el censo de ganado mular en Aragón en 1787 era de 47.933 cabezas.
Para las labores de campo siempre han prevalecido el mulo y el asno sobre el caballo, por su mayor resistencia y adaptabilidad a la orografía.
Eran famosos los mulos de Naval que transportaban la sal por todo el Pirineo.
No obstante, con la difusión de la mecanización agraria, la recría mular fue disminuyendo hasta casi desaparecer (Sierra Alfranca, 2000).
Antaño, la población porcina en Aragón era muy escasa.
Ignacio Jordán de Asso contabilizaba sólo 30.499 cabezas en 1787.
El ganado de cerda no parece haber sido objeto de cría en grandes cantidades hasta el siglo XX, quizás debido a su forma de pastar, hozando, que destruía los pastos y los inutilizaba para otras clases de ganado.
Por esta razón, se limitaba el número de cerdos que podían pastar con las ovejas en caso de arrendamiento de pastos, con la obligación de llevar anillos (sortillas) en el hocico.
Los cerdos se destinaban al consumo doméstico, el «cerdo familiar», y los hogares rurales solían tener uno o dos.
La avicultura en general y las gallinas muy en especial han tenido una notable importancia en Aragón como proveedores de huevos y carne para las familias, como ya indicaba Dieste y Buil en 1785.
Por otra parte, Asso apuntaba que las gallinas de Fuentes de Ebro y las de Medina eran «las más fecundas del reino».
Las gallinas camperas estaban muy distribuidas en los hogares aragoneses.
El sistema de producción de carne de pollo era totalmente distinto del pollo de engorde actual (broiler), y todavía hoy son añorados los pollos tomateros de antaño.
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