Ganadería y pastoreo en la Zaragoza del S XIX y durante Los Sitios (I)

Probablemente, nuestro Aragón fue fundado primitivamente por pueblos pastores.

Desde la Baja Edad Media y hasta el siglo XIX, la cría y explotación de ganado, especialmente el lanar, ha sido ocupación y fuente importante de riqueza en todo Aragón y especialmente en las regiones montañosas del Pirineo y del Sistema Ibérico.

Nuestros antepasados dividían a los animales en ganados grosos y menudos.

Grosos o gruesos eran los bóvidos (vacas, bueyes) y équidos (caballos, asnos y mulos); en el ganado menudo se distinguía entre ganado de lana (ovejas y carneros) y de pelo (cabras).

Los cerdos, aves y conejos no estaban incluidos en esta clasificación y ocupaban un lugar sui géneris, dedicados al consumo doméstico familiar.

Asimismo, existen algunos datos antiguos de cría de abejas en arnas (colmenas).

Los animales constituían fuente de energía para el transporte y las labores agrícolas, de carne y de leche con que hacer quesos, de lana, pieles y cuero con que confeccionar ropas, vestidos y otros artículos domésticos, y de estiércol de uso agrícola.

Incluso se aprovechaban los cuernos para hacer recipientes como, por ejemplo, tinteros.

Paralelamente, los caballos tenían gran importancia militar para las guerras.

En Aragón, hasta el siglo XIX, fue importante la ganadería trashumante basada en la producción de lana y carne, aunque con el declive de la lana y la revolución agraria el modelo se fue decantando gradualmente hacia la ganadería estabulada que predomina en nuestros días.

El ganado prioritario en tierras aragonesas durante varios siglos ha sido el ganado lanar, tanto por su rusticidad como por su fácil manejo.

El censo de Jordán de Asso de 1787 cita para todo Aragón una cabaña ovina de 1.746.194 cabezas, 34.593 cabezas de bovino, 47.933 cabezas de ganado mular y 30.499 cabezas de ganado porcino.

La cabaña ovina de la ciudad de Zaragoza y sus alrededores a finales del siglo XVIII rondaba las 100.000 cabezas.

La revisión de los archivos de la casa del periodo 1670-1895 revela una reducción importante en el número de cabezas, mientras que el número de ganaderos permaneció estable entre 72 y 95.

Hubo una crisis de la cabaña ganadera zaragozana que comenzó a finales del siglo XVIII —como sucedió en otros lugares de Aragón y de España—, y tuvo como una de sus causas los conflictos por acampos (dehesas) y sus pastos.

Durante la guerra de la Independencia contra los franceses, esta crisis fue agravada y la ganadería quedó en una situación precaria.

Si en el año 1807 había censadas 108.288 cabezas, en el recuento de 1812 sólo aparecen 29.322, junto con una reducción de 104 a 55 ganaderos.

A consecuencia de Los Sitios de Zaragoza, la cabaña de ovino se redujo de 86.000 cabezas a 10.000 cabezas.

Los ganaderos abandonaron sus cabañas y fueron al frente y las ovejas quedaron, unas perdidas y las otras se utilizaron para abastecer a las tropas, a las aragonesas de la ciudad o a las francesas.

Pero no terminaba aquí la sangría, ya que la guerra continuaba, y el 28 de agosto de 1810 se ordenó que se suministraran al ejército de Lérida 3.000 cabezas de ganado ovino, quedando únicamente una cabaña de 7.000 ovejas en Zaragoza.

Fue tal el estado en que quedó la cabaña zaragozana que el 22 de julio de 1813 se vieron incapaces de suministrar carneros para el Hospital Militar, dando como alternativa suministrar
algo de carne de oveja.

La pobre situación económica y social junto con el problema del bandolerismo, motivaron la entrega de fusiles a los pastores para que defendieran su ganado de los continuos robos.

Asimismo, en el año 1813 se instauró la recompensa de un duro por cada lobo que se matase.

Otra de las consecuencias de la guerra fue la aparición de un nuevo grupo social dentro del sector de la ganadería, que fue el de las mujeres ganaderas viudas o huérfanas.

2024-07-10T11:06:17+00:00

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