Trashumancia aragonesa en el Reino de Valencia en los siglos XVI Y XVII (I)

Texto escrito por José Luis Castán Esteban.

Unas condiciones físicas favorables, unidas al decidido apoyo político por parte de la Corona de Aragón desarrollaron, desde el siglo XI hasta la Edad Moderna, la economía ganadera desde las sierras nororientales del Sistema Ibérico hasta el litoral valenciano.

Una situación que no se suele reflejar en la historiografía, ya que la mayor parte de los estudios sobre el Antiguo Régimen en Valencia describen una sociedad señorial marcada por las exacciones sobre la producción agricola.

El papel que desempeñaria la ganadcria sería siempre secundario e incluso mínimo, dependiendo para el abastecimiento de carne de la importación y, si bien se menciona la existencia de una ganadería trashumante, no se la encuadra como un elemento fundamental de la economia rural.

La orientación ganadera del Reino de Valencia

Posiblemente, esta imagen de ganaderia viene dada por la propia legislación valenciana.

Los abundantes privilegios y franquicias de pastos otorgados en los primeros años tras la conquista cristiana del reino de Valencia propiciaron una política proteccionista que creaba espacios reservados para la ganadería local, protegía los cultivos, sobre todo los de la huerta, del intrusismo ganadero, e intentaba sacar el mayor partido de las zonas incultas del término a través del arriendo de los pastos o la creación de impuestos para el uso de los mismos.

Sin embargo no se desarrolló una cabaña local; los ganaderos trashumantes aragoneses, y en menor medida castellanos, fueron los que principalmente aprovecharon los pastos valencianos.

Las ordenanzas locales, fuertemente restrictivas tanto para los ganados propios como para extraños, eran un intento para limitar los importantes privilegios de libre pasto, que se habían concedido en la Edad Media a la ciudad de Valencia y a los ganaderos trashumantes aragoneses.

Las condiciones climáticas y la pobreza del suelo orientaron a la economía turolense bajomedieval hacia la ganadería.

Á ello se unió una situación política favorable, ya que los monarcas aragoneses, a cambio del decidido apoyo que los turolenses dieron a la corona en sus campañas reconquistadoras, otorgaron a éstos importantes privilegios de pasto en el vecino reino de Valencia.

La estructura política del Bajo Aragón medieval, articulado en torno a comunidades de aldeas, tuvo un papel trascendental en la orientación ganadera de las mismas.

Existen autores que incluso plantean su razón de ser en el aprovechamiento y regulación comunitaria de los pastos.

Ciertamente las comunidades son las encargadas de legislar acerca del aprovechamiento de los comunales -los Montes Blancos-, regular los daños a los cultivos, propiciar la celebración de ligallos, mantener en buen uso los azagadores y abrevaderos, recaudar el montazgo a los ganados extranjeros y defender a los ganaderos en los tribunales valencianos.

Todo ello otorgó a la ganaderia turolense un respaldo tan fuerte que propició su crecimiento desde el siglo XIV hasta la primera mitad del siglo XVII.

El Reino de Valencia ofrecía a los ganaderos trashumantes en primer lugar abundantes pastos durante los meses de invierno, en los que el frío y la nieve hacían inviable la ganadería en Aragón.

La protección jurídica con que contaban les eximía de los derechos de herbaje, carnaje y peaje a su entrada en el reino y del derecho de asadura por el paso del ganado en su camino a los pastos de invierno.

Además, no podían ser capturados ellos ni sus ganados y sólo debían pagar los daños que causaran en campos o frutos.

La trashumancia ofrecía asimismo la oportunidad de establecer una ruta comercial entre Aragón y Valencia.

Los ganaderos poseían carne, lana y queso, mientras que los valencianos les vendían o intercambiaban vino y aceite.

Otro de los productos que reafirma esta complementariedad de la trashumancia con la economía valenciana es el estiércol.

Antes de la aparición de los abonos quimicos, las deyecciones animales fueron el principal instrumento para la regeneración del suclo.

Los altos rendimientos de los cultivos valencianos necesitaban abundantes cantidades de estiércol que la cabaña local no podía aportar, de ahí que tradicionalmente los labradores acomodados valencianos levantaran corrales para los ganados trashumantes que llegaban a invernar.

Estos corrales eran cedidos gratuitamente a los pastores, ya que al marchar el ganado en primavera quedaba en ellos una capa de excrementos de inestimable valor para el agricultor.

Resulta difícil cuantificar el volumen de la trashumancia aragonesa hacia el litoral levantino.

Para la Edad Media tan sólo contamos con fuentes indirectas, como las que nos proporcionan varios acuerdos de reciprocidad de pastos del siglo XIV.

En ellos se establecía la posibilidad de apacentar por parte de los ganaderos de la comunidad de Teruel 10.000 cabezas anuales en el término de Liria y 25.000 en el de Castellón.

Para la Edad Moderna, en cambio, sí que disponemos de datos cuantificables a través de los manifiestos del impuesto del peaje.

La importancia de los ganaderos trashumantes fue señalada en primer lugar por James Casey.

Más recientemente, los geógrafos Juan Piqueras y Carmen Sanchis, basándose en la misma serie, han aportado datos para varios años más del siglo XVI y XVII.

Por nuestra parte hemos iniciado un vaciado de la serie, que comprende 114 años, desde 1510 a 1707.

Los datos extraidos hasta el momento sólo se pueden considerar orientativos, ya que se ha seleccionado, siempre que ha sido posible, un año al azar por decenio.

Las entradas superan en la mayor parte de los años consultados del siglo XVI las 150.000 cabezas anuales.

Durante el siglo XVII podemos diferenciar dos etapas.

La primera correspondería aproximadamente a la mitad del siglo, con cantidades bastante elevadas, llegando a 268.460 en 1620-21, mientras que encontramos un descenso progresivo en la segunda mitad.

La ganaderia trashumante solucionaba también en gran manera el crónico problema del abastecimiento de carne en las ciudades valencianas.

El nacimiento de los corderos a comienzos de la primavera hacía que encontraran un excelente mercado en las ferias valencianas, o que directamente fueran comprados por los carniceros y abastecedores de carne de las ciudades.

Por último, la producción lanera aragonesa resultante de la actividad trashumante, abasteció desde el siglo XIV los mercados del norte de Italia.

Desde entonces Aragón fue uno de los principales proveedores de lana hacia Italia, lo que propició el establecimiento de importantes compañías extranjeras en la península e impulsó el comercio local, que veía en la exportación de lana una actividad rentable y segura.

Continua en Trashumancia aragonesa en el Reino de Valencia en los siglos XVI Y XVII (II)

2025-01-13T14:51:04+00:00

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