Los últimos pasos del trashumante

El pasado mes de julio publicamos en nuestro blog “Carácter Noble”  en la web de Grupo Pastores el artículo “La última trashumancia del último trashumante de Linares de Mora” en el que nos hacíamos eco de la vida de Joaquín Guillamón, ganadero trashumante que ganó en 2º accésit del Premio a la Biodiversidad que entregamos (UPRA – Grupo Pastores) anualmente en la Feria Expoforga de Puente la Reina de Jaca (Huesca).

El premio tuvo bastante repercusión por la particularidad de la historia de Joaquín (como la de los otros ganaderos premiados) y por la importancia que medioambientalmente tiene la ganadería de ovino y caprino en el territorio y, en especial, la trashumancia.  El último domingo de julio, Heraldo del Campo (Heraldo de Aragón) le dedicó su contraportada.

Os dejamos a continuación la transcripción de la entrevista que le realizó Alejandro Royo:

Joaquín Guillamón es el último pastor que trashuma la sierra turolense Gúdar – Javalambre. Después de cinco décadas con su rebaño, se jubila.

Descansar, viajar más y tener más tiempo para estar con su familia y amigos. Esos son los deseos de Joaquín Guillamón, el último pastor trashumante de Linares de Mora, en la comarca de Gúdar – Javalambre quien, después de cinco décadas trabajando, espera jubilarse el próximo 31 de octubre. Para entonces, espera haber vendido su rebaño, «por el que ya se han interesado algunas personas», explica.

Guillamón entró en contacto muy pronto con la ganadería ovina. De hecho, no fue a la escuela ya que tenía que ayudar en casa para salir adelante, y fue su padre quien le enseñó a leer y a escribir.

Comenzó muy pronto a trabajar para otro ganadero y, poco a poco, con mucho trabajo y constancia, fue formando su propio ganado. No tardó en hacer su primera trashumancia, cuando tenía tan solo 17 años. Cuando se casó con su mujer, Carmen, de Puertomingalvo, pequeño pueblo de 112 habitantes perteneciente al Maestrazgo turolense, le compraron la mitad de las ovejas a su padre, aunque «el primero que empezó a hacer trashumancias en la familia fui yo, ya que mi padre se quedaba siempre con mi madre», relata.

Joaquín recuerda aquellas trashumancias muy duras, ya que «tenía que llevar todo encima, comida, enseres y demás. Alguna vez he llevado burro, pero la mayoría de las veces no». Aparte del peso que soportaba con todo lo necesario para el día a día, otro de los problemas con los que se encontraba era dónde pasar la noche. Este es uno de los mayores problemas a los que se han enfrentado los pastores trashumantes desde siempre: «dormía con las ovejas donde podía y como podía en pajares, corrales e incluso en algún pesebre, no dormíamos nunca en una cama», explica.

Aunque siguen siendo muy duras, «las trashumancias han cambiado mucho. Antes eran mucho peores». Joaquín camina unos 20 kilómetros de media cada día con sus 600 ovejas de raza Cartera, una raza autóctona de la localidad de Gúdar en peligro de extinción. El recorrido que hace es «desde Linares de Mora (Teruel) que es donde tengo la paridera y a las ovejas mientras hace buen tiempo, hasta Soneja en Castellón, a donde vamos cuando empieza a hacer frío en Teruel. Son casi 130 kilómetros que recorro andando junto al ganado en unos seis o siete días». Un trayecto habitual cada año a lo largo del cual ha trabado grandes amistades. «Algunos se emocionaron cuando les dije que me jubilo», afirma Guillamón. No obstante, «seguiré acudiendo a visitarles y pasar tiempo con ellos, aunque sea sin ovejas», promete.

A día de hoy el problema de llevar el peso para todos los días y el de dormir con las ovejas en cualquier lugar ha desaparecido para Joaquín. «Ahora me vienen a buscar, ya sea algún hijo o algún compañero, todos los días en coche para ir a dormir a casa y también cojo comida para pasar el día».

Pese a las dificultades, Joaquín asegura ser «feliz junto a las ovejas, en un trabajo que me gusta mucho, que me da mucha tranquilidad y que ya hago sin problema». Esta será la última trashumancia para Joaquín, ya que está a punto de jubilarse, aunque reconoce que no le gusta la idea, ya que «con las ovejas soy feliz, me dan mucha tranquilidad». Lo que me gusta es el pastoreo, un trabajo que requiere de absoluta dedicación. «Yo no tengo fiesta, hay que estar pendiente cada día de los animales», apunta.

Esta vocación y esta dedicación durante cinco décadas, le valieron a Joaquín Guillamón recibir el segundo accésit de los Premios a la Biodiversidad que entrega Oviaragón-Grupo Pastores y que reconocen la importancia medioambiental   que tiene la ganadería de ovino y caprino en el papel del cuidado de la naturaleza.

AUTOR: ALEJANDRO ROYO

Leer el artículo en su formato original en el siguiente enlace:

Artículo Joaquín Guillamón (Diario del Campo, Heraldo de Aragón)

2019-11-13T12:36:41+00:00

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